¡No nos llevamos nada con nosotros cuando morimos!

(Extracto de un satsang de Gurú Púrnima de la década de 1980)

Aprovechemos al máximo esta oportunidad de realizar a Dios. Repetir los nombres de Dios con la lengua mientras se tienen otros pensamientos en la mente no os ayudará de ninguna manera. Pero al hacer sinceramente prácticas espirituales, podréis entregaros completamente a Dios y a causa de esas prácticas, el ego, los celos, la arrogancia y el egoísmo gradualmente disminuirán y desaparecerán. Las conversaciones inútiles y sin sentido no ayudan a uno a progresar en el sendero espiritual.

Alguien que toma el sendero espiritual necesita tener una inmensa paciencia. Debe poder soportar cualquier tipo de insulto. Las personas mundanas no entienden las cualidades de tal persona y por eso la insultan. ¿Qué se debe hacer en tal circunstancia? La persona espiritual debe esperar con paciencia, sin considerar las ofensas, pues sabe que la otra persona es ignorante y algún día se dará cuenta de su error. En esos momentos, el aspirante espiritual haría bien en simplemente “ser.”

Una persona puede ser madura en edad y dotada de conocimiento, pero ¿de qué sirve todo esto si no puede rendirse a los Pies de Loto de Dios? Podemos poseer riqueza, estatus, educación, bienes materiales y una casa palaciega, pero todo esto es inútil sin amor a Dios. No llevamos nada con nosotros cuando morimos.

No prestamos la debida atención a los asuntos de verdadera importancia. Nos convertimos en esclavos de alabanzas y palabras amables. Algunos hablan amorosamente con una cara sonriente y creemos que están llenos de amor. Somos incapaces de identificar el amor verdadero y, por lo tanto, somos engañados. Nuestras mentes están atrapadas en la tela de araña de la ilusión. No podemos distinguir lo verdadero de lo falso y no podemos comprender ni siquiera nuestros propios corazones y sentimientos. ¡Despertad! No os dejéis engañar por meras palabras. El amor debe brotar espontáneamente del corazón. ¡Dios es verdad! ¡Dios es amor! ¡Es genial nacer como ser humano!

Cuando miráis una estatua de nuestra Madre Divina, Athale, ¡si sólo pudieras entender su poder y gloria! ¿No le habló la Madre Kali a Sri Ramakrishna Paramahamsa? La energía en tales santuarios les habla a muy pocos. La comprensión de un alma de esa energía es espiritualidad. Si tenéis fe, entonces la deidad en tales santuarios os hablará. Sin embargo, si digo que hablo con la Madre Divina, la gente se reirá y dirá que estoy loco porque no tienen la capacidad de creer o entender que ella puede hablarnos de esta manera. Vivimos en un mundo de chismes y, entonces, ¿cómo podemos esperar que la Madre nos hable?

¿Estamos realizando a Dios? No, eso es difícil con nuestro conocimiento limitado. ¿Podemos usar nuestro sexto sentido? ¡No hay tiempo! ¿Pensáis en lo Divino? ¡No hay tiempo! ¿Vais al templo? ¡No hay tiempo! Entonces, ¿cuándo llegará el momento? Sólo tenemos tiempo para pensar en Dios o ir a orar al templo cuando llegan problemas y enfermedades. Debéis tomar conciencia de vuestras faltas y pedir perdón y ayuda divinos para corregiros. (…)

En muchos ashrams a las mujeres no se les permite hacer abhishekam y pada puya, pero este Ashram permite a las mujeres participar en estos deberes sagrados. No hay ninguna regla que diga que no pueden, pero aun así rara vez se les permite hacerlo. Aunque las mujeres tienen la paciencia y la capacidad de hacer estas ceremonias religiosas, no se les ha dado la posibilidad. Si se les hubiera prohibido hacer esto, la hermana Nivedita no podría haber servido y ayudado a Swami Vivekananda en su gran misión; la santa tamil Karaikkal Ammaiyar no se habría convertido en uno de los 63 santos saivitas de Tamil Nadu y Auvaiyar nunca habría compuesto su significativa poesía tamil en alabanza a Dios. Con sus vidas ejemplares, ellas nos han mostrado a qué alturas pueden elevarse las mujeres en el sendero espiritual. ¡Esta es la grandeza de la feminidad! Las personas en general no tienen la capacidad de entender esto.

Si la mente es pura, no se necesita tener miedo a las críticas de los demás. No hay necesidad de estar nervioso, confundido o inestable. (…)Terminaré con mis bendiciones para todos, tanto de aquí como de todo el mundo.

¡HARI OM!

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