Mi Experiencia con Swamiyi

Por Madhan

La primera vez que estuve en contacto con Swamiyi fue indirectamente a través de la visita oficial de uno de los discípulos sannias de Swamiyi al Centro Sri Premananda de Grenoble, Francia, en 1996. Yo tenía 20 años y realmente estaba metido en cosas de jóvenes y en mis estudios y no lo bastante preparado para cuestiones espirituales. Mi familia, sin embargo, había estado en la espiritualidad durante años y, como la pareja de mi padre, Dhanalakshmi, estaba a cargo del Centro de Grenoble, nunca me olvidé realmente de Swamiyi. En 2000, después de terminar mis estudios en Irlanda y mudarme a Estados Unidos, el momento llegó de encontrar un trabajo, dar mi primer paso de entrada en el mundo como hombre y devolver el préstamo recibido para mis estudios. No obstante, a pesar de mis muy buenas calificaciones, no pude encontrar empleo. Pasaban los meses y esta situación me preocupaba y entristecía. Un día, mi madre me dijo: “¿Por qué estás tomando todo esto tan seriamente? Quizás deberías olvidarte de toda esa búsqueda de trabajo por un tiempo. ¿Qué harías si pudieses hacer lo que quisieras?”

Mi hermano Senthil se iba al Ashram un par de días más tarde; decidí unirme a él. Todas las agencias de viaje con las que me puse en contacto me decían que no había más lugar en ningún avión. Increíblemente, el día previo a la salida de mi hermano, alguien canceló su reserva ¡y conseguí un asiento en el mismo avión que tomaba mi hermano! Tras un buen vuelo, una noche sobre el suelo de la estación Victoria en Bombay, otras 28 horas en un tren, 3º clase, y 9 horas en un autobús, llegamos al Ashram alrededor de la medianoche. Me quedé dormido al instante. Cuando por los altoparlantes del Ashram se oyeron mantras a las 4:30 am, pensé que estaba en otra dimensión del universo, ¡completamente perdido!

Pronto me di cuenta que iba a estar en el Ashram para Mahashivaratri, y ni siquiera había sabido que Shivaratri tendría lugar durante mi estadía en el Ashram. Tuve mucha ‘suerte.’ Mientras estuve en el Ashram, vi a Swami varias veces. Yo había preparado muchas preguntas para hacerle en la entrevista privada. Antes de dar entrevistas privadas, Swamiyi solía dar satsang a todos los devotos presentes. Tan pronto como yo pensaba en una de mis preguntas, ¡Swamiyi la respondía de inmediato durante el satsang! Cuando llegó mi turno para la entrevista privada, ya no tenía ninguna pregunta. Después de las entrevistas privadas, Swamiyi tenía una reunión con toda la gente a cargo de los departamentos del Ashram. Estaba a punto de marcharme cuando Swamiyi me dijo: “Puedes quedarte si quieres.” Yo había estudiado administración durante años y pronto comprendí que estaba recibiendo ¡la mejor y la última lección sobre administración de mi vida!

La siguiente visita a Swamiyi fue justo después de Shivaratri. Pensé que me encantaría recibir un Lingam de Swamiyi, pero me interesaba más la meditación que los abhishekams, así que decidí que un lingam no era para mí. Durante su satsang, Swamiyi dijo: “Los lingams no son sólo para abhishekam, algunos son para meditación.” Me sentí confundido, vacilante. Antes que empezaran las entrevistas privadas, se me pidió que sostuviera kum-kum de Shivaratri en las manos para que las Matayis pudieran hacer paquetitos para cada uno de nosotros. Yo estuve justo al lado de Swamiyi con todo este kum-kum en mis manos. Al final de las entrevistas llegó mi turno. Swamiyi me dijo: “¿Qué quieres?” Yo me sentía muy bien, pero mi cerebro estaba completamente ‘averiado.’ No tenía nada que decir… Swamiyi simplemente me dijo: “¿No sabes lo que quieres?” Ven a verme mañana.” Viajando en autobús más tarde esa noche, me sentía maravillosamente, el mejor sentimiento de mi vida. ¡Y no estaba recibiendo masaje en un Jacuzzi!; estaba en un autobús de la India, totalmente lleno de gente, con un altoparlante roto tocando música muy sonoramente a sólo 10 cm de mis oídos. Sin embargo, todas estas cosas externas no me afectaban en absoluto. En ese momento comprendí lo que Swamiyi quiso decir cuando me dijo: “¿Feliz?” Yo estaba en este autobús sonriendo como un idiota. ¡Feliz!

Al día siguiente fui otra vez a ver a Swamiyi, como él me había dicho. Esa mañana, una mujer y yo éramos los únicos devotos que esperábamos para verle. Esta vez decidí que le pediría un Lingam a Swamiyi. La mujer pasó primero para hablar con Swami. Ella le pidió un Lingam. Extrayendo un Lingam de su bolsillo él le dijo: “Eres afortunada, éste es el último.” Todas mis certezas se destruyeron. Llegó mi turno. Yo pensé que estaba seguro pero volví a confundirme y empecé a musitar. Swamiyi me dijo simplemente: “¿No sabes? Vuelve a verme esta tarde.” Muchas cosas pasaron dentro de mí durante el almuerzo pues esperaba ver a Swamiyi en la tarde. Mientras caminaba hacia donde él se encontraba, otra vez me sentí como cuando estaba en el autobús después de haber sostenido el kum-kum de Shivaratri. Mi cerebro estaba silencioso, no tenía preguntas. No tenía más miedos. Decidí que le pediría a Swami un Lingam, sin importar cuál fuera su respuesta o su reacción. Cuando entré, Swamiyi estaba sentado, mirándome con una gran sonrisa en su rostro: “¡Así que ahora sabes!” Contesté: “Sí, quiero un Lingam.” Swamiyi puso una mano en su bolsillo, sacó un Lingam y me lo dio. Estos primeros encuentros y este Lingam fueron realmente el comienzo de algo importante en mi vida.

Volví al Ashram varias veces después de 2000. Ahora pienso que fui muy afortunado de poder conocer a Swamiyi físicamente en esta vida… En 2004 le presenté a Swamiyi a mi amada, Laetitia.

En Shivaratri 2009, Laetitia y yo, que habíamos estado intentando tener un bebé durante dos años sin ningún éxito, le hablamos a Swamiyi al respecto pidiéndole ayuda. Él dijo: “Yo haré que suceda.” En Febrero 2011 nos enteramos que Swamiyi había entrado en Samadhi. Decidimos comprar un pasaje de avión inmediatamente. Tras las habituales “historias de visa,” Laetitia y yo llegamos al Ashram minutos antes que el cuerpo de Swamiyi fuese instalado en el lugar del Samadhi, de modo que pudimos presentar nuestros respetos a su cuerpo una última vez. La ceremonia del Samadhi fue un momento que jamás olvidaré. Yo lamentaba que nunca volvería a oír hablar a Swamiyi, tomando mi cabeza en sus manos, o diciendo: “¿Feliz?” Unos días más tarde, alguien nos contó que Swamiyi había dicho que su Samadhi sería muy poderoso y que cualquier cosa que pidiésemos a su Samadhi lo obtendríamos. Por supuesto, tanto Laetitia como yo, sin siquiera hablar sobre ello, pedimos lo mismo, tener un bebé. Después de una escala en Sri Lanka, llegamos a Francia y descubrimos, unas semanas más tarde, que Laetitia estaba embarazada. Después de cuatro años de intentar y varios intentos médicamente asistidos, el doctor nos dijo que el bebé habría sido concebido el día que estuvimos en Sri Lanka, ¡el día siguiente de nuestra partida del Ashram! Estábamos tan felices que Swamiyi nos hiciera este regalo… Zachary Murali Manohara nació nueve meses más tarde, el 8 de Diciembre, el día de la “inmaculada concepción” de acuerdo con el calendario cristiano…

No estoy triste porque Swamiyi dejó su cuerpo, ahora sé y estoy seguro que Swamiyi está aquí para nosotros y siempre lo estará.

¡Feliz!

¡Yei Prema Shanti!

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