Un Mes en el Ashram de Swamiyi… ¡Reaprendiendo a Vivir!

Por Siddhananda, Francia

 Habían pasado tres años desde mi primera visita al Ashram y ahora, en esta ocasión, al atravesar el portón de entrada, lo hice con una nostalgia reflexiva. Me tomé mi tiempo para mirar todo a mi alrededor, queriendo aprovechar al máximo mi regreso a este lugar.

Cuando uno llega de Occidente, el vivir en el Ashram es como descubrir otra dimensión, pues es bastante literalmente otro mundo. No sólo es diferente el estilo de vida sino también la manera de ser, el clima y, sobre todo la noción de tiempo. Comparado a la idea occidental del tiempo, aquí el tiempo parece que ya no existe; adquiere otra densidad y a veces un solo día puede parecer como una eternidad. Recuerdo haber tenido este sentimiento después de mi primera semana en el Ashram, ¡me parecía que habían pasado seis meses! Sí, el tiempo es diferente aquí, es como si el Ashram fuera un tipo de vórtice temporal dónde el tiempo parece haberse detenido, pero, de hecho, lo que cambia es nuestra percepción mental, nuestra forma de abordar la vida cotidiana y nuestra actitud ante la Vida….

Esto es porque cuando estamos en el Ashram, ya no nos bombardea el ritmo agitado diario de la vida urbana, y esto nos abre a un espacio de paz y de auto-observación. ¡Esta auto-observación es un auténtico desafío! Es difícil aceptar las divagaciones del ego y el tumulto de la mente, y no obstante Swamiyi está siempre dispuesto a seguir dándonos lo que necesitamos seguir trabajando, especialmente aquello que no queremos ver o aceptar en nosotros mismos.

Debido a esta sensación de estar en otra dimensión de tiempo y espacio, y porque Swamiyi trabaja al 300%, el Ashram es un lugar conducente a la labor interna y a la purificación de la mente y el ego. Swamiyi siempre sabe cómo ponernos en situaciones donde nos vemos obligados a confrontar y a superar nuestras limitaciones mentales y nuestras falsas creencias. Es más, si podemos observarnos sin juicio unos a otros en nuestras acciones, es asombroso descubrir todo lo que entonces surge: enojo, tristeza, lágrimas, celos, juicios, críticas, etc.

Todos aspiramos poder vivir en la Conciencia de Amor de Swamiyi y, sin embargo, ¡caminar a su lado es un real desafío! Él desarma nuestras mentes y nuestros egos y nos vuelve a enseñar cómo vivir. Ésta es la impresión que yo tenía al estar viviendo en el Ashram; aprendía de nuevo a vivir. Swamiyi estaba a mi lado, enseñándome a observar la agitación de mi mente y ego y ayudándome así a entender la confusión entre los deseos del ego y nuestra verdadera naturaleza divina. Ninguna necesidad de pasar días meditando para lograr esto, al contrario, ¡es dándonos totalmente a la vida y las tareas cotidianas del Ashram que la Vida nos enseña la mayoría de las cosas!

En cuanto a mí, me gusta dar mi tiempo a los niños. Yoga, deportes, bhayans, hacer pulseras, mandalas, y demás… ¡todos buenos pretextos para pasar tiempo con ellos! No porque imagino que tengo algo para darles, ¡sino porque ellos son los que me enseñan a vivir y a ser! En Occidente pensamos que siempre necesitamos algo externo que nos haga felices—un automóvil nuevo, un juguete nuevo, una casa más grande, etc. ¡Pero no hay nada de eso aquí en el Ashram! ¡Los niños simplemente disfrutan vuestra presencia, y vuestra sonrisa! Ellos no están esperando nada, ni exigiendo nada. Sólo comparten sus vidas diarias con nosotros y lo hacen gustosamente. Siendo jóvenes o viejos, hay tanto que podemos aprender de ellos. Y les aseguro, a ellos también les gusta aprender de nosotros, de quiénes somos y de nuestra cultura Occidental. Nada es nunca negro o blanco categóricamente, es un intercambio y un compartir de nuestras dos culturas.

Tras un mes de hacer yoga y de sesiones deportivas a diario con ellos, se tejió un verdadero vínculo entre nosotros y no fue sin lágrimas en mis ojos que dejé a estos niños, los que fueron para mí genuinos instrumentos de la gracia de Swamiyi: Quienes me volvieron a enseñar cómo vivir, ¡en la Simplicidad, con una Sonrisa, y en la Plenitud del momento presente!

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